Este tradicional festejo data de tiempos de la colonia, cuando el emperador Maximiliano gobernaba el país. Se ha consolidado como el carnaval más importante de México debido a su folclor y a la gran cantidad de visitantes que recibe año con año.

Durante la quema del mal humor, que se lleva a cabo la primera noche en el zócalo de la ciudad, se prende fuego a personajes, acontecimientos e ideas. Se ha quemado a políticos, estrellas de la farándula y criminales, así como a la guerra, la crisis, los siete pecados capitales y el virus de la influenza. Mientras se lleva a cabo este ritual, se leen en voz alta versos o décimas picarescas que hacen alusión al personaje que será reducido a las cenizas.

Entonces comienza la fiesta, enmarcada por la coronación de los reyes infantiles, el rey de la alegría y la reina del carnaval. Se presentan espectáculos artísticos y seis alegres desfiles, los cuales recorren el Boulevard Manuel Ávila Camacho. En éstos participan comparsas, batucadas y bastoneras.

Por todos los rincones del puerto se escucha el sonido de marimbas, guitarras y arpas, y se baila al ritmo del  danzón y las batucadas. El festejo concluye con el entierro de Juan Carnaval y la divertida lectura de su testamento, representación a la cual acuden los reyes del carnaval vestidos de negro en señal de luto.